Cuando yo empecé a escribir, allá por los dieciséis, mis poemas bebían mucho de mis experiencias, no tan extensas con esa edad, pero sí ganaban con la intensidad de la edad. Después de un tiempo sin escribir nada, en la universidad volvía ello y me gané el sobre nombre de «poeta madrileña de la experiencia». Lo gané, quiero decir que aquellos que me leían, mis amigos, utilizaban ese título para expresar lo apegada que estaba a la tristeza de Madrid y mis experiencias vitales. Y, bueno, por eso dejé de escribir, sentía que solo podía escribir cosas tristes o duras, tampoco hacía falta exponerse. Os cuento esto porque la novela que traemos hoy aquí, utiliza todo eso (no en Madrid, sino en Pontevedra, ciudad en la que he estado y que, por cierto, también es gris) para contarnos una experiencia muy dura. El problema es que hay gente que no se reconoce y, por tanto, no le gusta la obra. No es mi caso. La novela se llama Comerás flores de Lucía Solla Sobral, publicada por Libros del Aster...
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