Látigos, Coca-colas y el «Amor real».


Empieza el verano y quiero compartir con vosotros un tema que me divierte muchísimo: manuales de ligue y el amor. 

Cuando empecé a estudiar Teoría de la Literatura la gente pensó que al igual que a un médico se le regala un bisturí (ja-ja), a una teórica literaria (o si se prefiere esa que lee muchos libros –mejor–) se le deben regalar los best-sellers más sonados del mercado. No voy a empezar con la frase de «me los leí porque me los regalaron», sino que confirmo cierto gusto por ellos. Mi padre, un enamorado de ellos en su vertiente histórica, hizo con me picara con Los pilares de la tierra y aunque he de reconocer que algunos son un aburrimiento supremo, otros están bien.

Así, de aquel best-seller salto a este otro en donde una mujer, Ana, se enamora de un hombre, Christian, mientras hay sexo duro de por medio. Creo que ya sabéis a qué libro me refiero. Sin embargo, no lo traigo aquí para hacer una crítica de él, ya han hecho demasiadas, sino para defenderlo del rechazo que otra autora ha hecho de él para poder vender su visión del amor «real».

Efectivamente, 50 sombras de Grey, de E.L. James, está mal escrito (y la traducción española no mejora) y en muchas ocasiones a nivel argumental es flojo: la sucesión de escenas llega hasta el punto del ridículo, con cuatro frases tipo introducen todas las escenas de sexo – tres volúmenes, aproximadamente 1200 páginas donde cada dos hay una escena de sexo, para hacernos una idea –, pero no se detiene sólo en esto. 

Para el gran público, el hecho de que el argumento no sea verosímil es motivo de disgusto: una chica normal de veintidós años no puede ser virgen en la universidad, no es creíble… Bueno, señores, no sé qué perspectiva tienen de la universidad y sus gentes... En cualquier caso, con sus fallos, 50 sombras de Grey ha supuesto un boom comercial que culminó con una película (tres, de hecho, un poco terribles) y un fenómeno sociológico, ya que ¿por qué tuvo tanto éxito?

No es mi propósito resolver aquí esta pregunta, no soy experta y todo lo que pueda decir serán simples conjeturas de un sujeto más, pero si me interesa plantearla de manera tan directa, es porque probablemente al menos los editores del libro que quiero poner sobre la mesa se lo plantearon.

No sé si recordaréis otro sonado best-seller, Memorias de una ninfómana, que además trajo mucha polémica en España porque el cartel de su película fue censurado. Pues bien, la autora, Valérie Tasso, publicó otro libro que se llama El método Valérie. En principio no debería sorprendernos que aquella que nos presentó una autobiografía ahora se aventure a darnos un método para poder ligar, sin embargo, cuando leí la contraportada me sorprendí y bastante. En ella la primera frase que encontramos es:


Basta de fantasear con Christian Grey. Es el momento de abandonar el sofá, salir a la calle y enamorar a hombres reales.
En un primer momento pensé que en realidad habrían sido los editores los que habían decidido poner esa frase tan provocativa por cuestiones de marketing (entendedme el fenómeno Grey continúa y hay amantes muy fieles a él), sin embargo, no, ella la suscribe. Así que, decidí leer ese libro, es decir, que en mi caso despertaron la curiosidad (pero, no me lo compré, lo siento) y comencé a leerlo… no lo pude terminar. Estoy acostumbrada a leer libros raros, incómodos y malos, pero sólo ha habido otros dos libros que no he podido terminar de lo que me aburrían. En este caso la cantidad de tópicos, que hasta en cierto grado podrían suponer un retroceso en nuestro camino en la comprensión mutua de los géneros, y la falta de respeto a las personas eran tan abundantes que decidí no perder mi tiempo.
               
Entonces por qué siquiera estoy haciendo este artículo, si uno está mal escrito y el otro es insufrible, no hay mal que por bien no venga: la clave está en la última parte de la frase de Valérie «enamorar a hombres reales». Ambos libros, y muchos otros, Perdona si te llamo amor, por ejemplo, me han hecho pensar que están atendiendo una cuestión que no está resuelta desde los principios de nuestra existencia, ¿qué es el amor real? No qué es el amor en la realidad porque eso, considero, es experiencia de cada uno, sino cuál es el universal del amor. Para explicarlo se emplean nuevos medios, maneras que existían antes pero que habían estado censuradas (y en la actualidad algunos me diréis): las relaciones sadomasoquistas, la adicción al sexo y la prostitución, la relación entre personas con una gran diferencia de edad…

El ansia de lo real, que ha sido estudiada por toda la postmodernidad, que aún hoy se ve reflejada en la televisión, en la literatura, en el arte (recordemos las corrientes de hiperrealidad) surge una vez más. En este caso dentro de lo que los clasistas denominarían baja literatura. Si esto es así como yo lo planteo, ¿cuál de las dos opciones es la «real»?

Bajo esta clave he de decir que la propuesta de E.L. James no me escandaliza para nada. En realidad, nos propone una relación entre un hombre y una mujer en la que el hombre es altamente dominante, por ello se pretende que sea sadomasoquista. Sí, en un principio. Aquel que siga leyendo la trilogía se encontrará dos soluciones a esta cuestión: por un lado el sadomasoquismo de Grey está justificado porque tiene traumas infantiles (vaya, ya tuvo que aparecer Freud), por otro, Ana termina siendo la parte dominante de la pareja. Es decir, el gran choque de la novela termina resuelto al final del primer libro y en los siguientes lo que tenemos en la configuración psicológica de Grey (por cierto, en mi opinión altamente interesante). La propuesta queda anulada para volver a los viejos tópicos, el escándalo se apaga y lo que ha vendido, como desde que el mundo es mundo, es el sexo.

Por su parte, Tasso nos hace un prólogo en donde nos dice que en cierta ocasión arremetió contra los manuales de ligoteo, pero que ha decidido que ha llegado su momento y que nos va a dar sus trucos. Para ello, como ya os he dicho, llama a Christian Grey hombre irreal, por aquello de que practica el sadomasoquismo… Nos lo dice aquella que nos explicaba en su «autobiografía», con todo lujo de detalles, cómo se introducía un bote de Coca-Cola donde ya sabemos porque se lo pedía un poderoso árabe… Christian llámame cuando puedas. Pero vale, esto es de Diario de una ninfómana, qué pasa con El método Valérie. Básicamente, el problema de este «método» es la despersonalización de los seres humanos, cuando accedemos a él se nos da una clasificación de hombres y otra de mujeres en donde el objetivo de dichas clasificaciones es saber con quién follar (palabra que emplea Tasso). No me puedes decir que enamore a hombre «real» y que eso signifique que me lo lleve diecisiete veces a la cama en lugar de una. Es decir, que una vez más ese «amor real» es el sexo, bueno no, follar.

Siendo esto así, el punto de favor se lo doy a James, ya que no ha intentado hacernos creer que su ficción es realidad, por su parte Tasso ha venido, intentado arrollar al resto, a darnos la verdad de la vida...

En mi opinión, no habiendo encontrado esa ansiada realidad del amor, la sociedad sigue sumergiéndose para encontrar algo nuevo, pero que en el fondo es lo mismo de siempre. He ahí el éxito de Grey, de Moccia y muchas novelas que transgreden el estándar. Pero la búsqueda no es nueva. Las cuestiones relacionadas con el amor, pero a la vez con otra gran cantidad de cosas como el dinero, la sociedad, etc., ya las teníamos sin ir más lejos en las novelas de Austen, de Brönte y otras muchas. De hecho, gran parte de esas novelas que he citado más arriba son hijas de las clásicas, simplemente han ofrecido su adaptación a los tiempos que corren.
Buscar lo real del amor, como hacían los medievales ya (Andreas Capellanus, por ejemplo) es algo que no dejaremos de hacer y para lo que seguramente no encontremos repuesta, sin embargo, seguiremos intentándolo. Las respuestas que nos demos siempre serán insatisfactorias, la de ahora, el sexo lo es, por eso lo aderezamos con «transgresiones» que nos conducen al final melodramático de siempre. La diferencia radica en que Austen era escritora, buena escritora, y que el que Elisabeth Bennet rechazara al señor Darcy suponía una transgresión en su época y en la de ahora. Sin embargo, ni E.L. James ni Tasso son grandes escritoras. Que a Ana se le despierte el instinto maternal con Grey, que intente reformar al «chico malo» es nuestro pan de cada día desgraciadamente. Que Tasso nos hable de «hombres que se encoñan» a los que no te debes llevar a la cama y de femmes fatales está ya manido, porque vemos como actúan ellos y ellas por la noche y porque sabemos que somos personas no esquemas.

¿Por qué lo querremos llamar, ahora, amor cuando queremos decir sexo?

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