Eso es lo que hace la novela que traemos hoy aquí con el mundo griego en toda su extensión. La obra se llama El silencio del Hegemón de Serge Magerit, publicada por la editorial Toromitico. Espero que guste.
En la tierra de Atland, donde los años no avanzan sino que retroceden hacia la próxima Magmación, tres destinos están a punto de entrelazarse.
La muerte del heredero al trono bajo el Sauce y el Olivo sacude la Liga Atláurea. Mientras la Polis Capital honra su memoria, su hermana, la princesa Nairandra, comienza a sospechar que un oscuro secreto podría desestabilizar los pilares de la civilización.
Suody, antiguo esclavo marcado por la pérdida, emprende un camino de venganza que transformará las calles de Lainas en un lugar donde el miedo tiene nombre propio.
Y Lõud, reducido a siervo de los Centinelas del Ocaso, será arrastrado hasta el Laberinto de Cristal, donde los arcanos prohibidos y las Espadas de Mazka despiertan poderes que la Liga preferiría olvidar.
Cuando sus caminos se crucen, la verdad se alzará. Y alguien pagará por ello.
Surgidos de las trirremes
Soudy y Lôud han sido compañeros en las trirremes, pero, al llegar a la capital de la Liga Atláurea, el primero alcanza su libertad y el segundo tiene que comenzar su camino como mulo. Sin embargo, ninguno de estos dos caminos son lo que parecen: Soudy comienza un camino de venganza contra aquellos que destruyeron su familia, Lôud se ve envuelto en una conspiración contra el Hegemón y relacionado con un grupo llamado los Néfiros. Mientras tanto, en la capital la princesa Nairandra investigará qué causas han llevado a la misteriosa muerte de su hermano que la ha hecho heredera del trono de la Liga.
Nos adentramos en una novela de fantasía épica un poco compleja, pero no por ello menos atrayente. En ella, tenemos una narración entres voces, a las que en alguna ocasión se puede unir alguna más, que nos darán una visión multiperspectivista y holística de lo que está sucediendo en la Liga Atláurea. Así, la heredera, el soldado y la venganza nos enseñan respectivamente, el mundo político, el mundo mitológico y la sociedad del mundo de la novela.
En conjunto, serán una carrera a contrarreloj contra lo inevitable, la guerra, en la que todos y cada uno de los personajes será el grano de arena que caiga de arriba abajo.
El worldbuilding
Decía más arriba que nos lanzábamos
a una novela compleja. Esto no es malo, sino simplemente descriptivo. Tenemos varios personajes importantes, que, por
otro lado, se identifican bien por su
caracterización; tenemos varias tramas, tres al menos, y tenemos un worldbuilding bastante
extenso.
Si nos centramos en él, lo primero que vemos es que estamos en un mundo donde tenemos diferentes culturas unidas por una supuesta común, proclamada la Liga Atláurea. Sin embargo, pronto vemos que esto no es así, ya que las cuestiones de raza o de religión dentro de ella son motivos de disputa entre los pueblos. De este modo, cuando alcanzamos a un miembro de cualquiera de las culturas, conocemos sus rasgos principales físico y algo que destaque culturalmente para diferenciarlos. Por poneros un ejemplo, en el grupo de Lôud tendremos al menos cuatro razas / culturas diferentes que harán que haya momentos de conflicto en esa trama.
Además de los núcleos poblacionales con lo que supone (religión, costumbres, legalidad, etc.), nos encontramos también con una mitología muy extensa, no tanto por la cantidad de dioses que haya, que sí que son algunos cuantos, sino por la combinación de hechos míticos (que puede que no tengan que ver nada con el aspecto mitológico) con hechos de personas reales a las que han alzado, con, efectivamente, narraciones sobre los dioses. Todo esto combinado y mostrado al lector con la perspectiva del personaje que lo cuente.
Sin embargo, creo que, a pesar de ello, todas las historias se siguen muy bien porque el autor ha utilizado una base que de una u otra forma tenemos integrada: la cultura y mística griegas. Empezando por lo último, cuidado que no he dicho mitología, el autor no tira por ahí, sino por los elementos como lo órfico, lo pitagórico en un sentido instrumental. Por su parte, la cultura griega impregna toda la obra, desde las denominaciones de la ciudad hasta el empleo del propio griego y las modificaciones de terminología e instituciones para adaptarlas a la novela.
Curiosamente, a pesar de que lo reconocemos, los elementos no nos chocan porque están muy bien integrados en el mundo de fantasía, ofreciéndonos un ancla para poder entender ese vasto worldbuilding y siendo a su vez la llave de acceso al mundo nuevo que es este.
Un muchos en uno
Por su parte, a nivel de historia, nos encontramos de todo en la obra. Tendremos, por un lado, una trama de aventuras, donde nuestro grupo de soldados aventureros andará por los parajes más insólitos del mundo. En ese camino, los personajes crecen, aprendemos con ellos sobre el mundo y sobre el valor de nosotros mismos.
Por otro, nos lanzamos a una historia de venganza, cuasi como el Conde de Montecristo, para resarcir la pérdida del pasado. Con este personaje sufriremos, porque entendemos sus actos, pero también sabemos que no puede terminar en buen puerto. La ingenuidad y la necesidad de que algo le salga bien le llevarán a situaciones complejas, que nos ofrecen una visión de cómo viven las personas de a pie en este mundo, cuáles son sus temores y cuáles sus aspiraciones.
Finalmente, nos encontramos también con una trama política que extiende sus
brazos más allá de su personaje principal. Conoceremos
cómo funciona la Liga realmente, qué inquietudes tiene el «reino» con
respecto a su pasado reciente y cómo los
soberanos siempre se encuentran en el callejón sin salida de «el reino o su
persona». En este caso, tenemos una perspectiva femenina de la cuestión, que
aborda ideas como la responsabilidad, el
deber y la culpa.
Y no cansa
Una de las cosas que más me ha sorprendido de la novela es que no me cansaba de leerla. Quizá esto pueda sonar raro, pero a lo que me refiero es que, a veces, leemos novelas en las que por la información que nos dan o por cómo nos la dan, tenemos que hacer un alto en el camino.
No es el caso de esta. El estilo del autor es muy ameno sin ser sencillo. La composición estructural es imbricada, las tramas se entretejen bien y, aunque podemos ver más o menos con soltura a dónde puede ir a parar, la exposición de las acciones y del mundo están bien compensadas. Además, a nivel de diálogos, encontramos que las conversaciones no son comidas por la profundidad, claro que hay momentos de introspección de reflexión de los personajes, pero estos no están en una sobreexposición explicativa para el lector, sino en sus actos y sus apartes bien medidos.
Es una novela que me ha gustado y me ha entretenido bastante. Me ha sorprendido encontrarme un mundo conocido y desconocido, y me ha gustado que la historia me haya interesado realmente. Los tópicos están ahí, pero la elaboración si es distinta a lo que he leído hasta ahora. Es verdad que nos va a tocar esperar para saber qué pasa con algunos de los personajes, pero eso no debe quitar el que nos lancemos a esta aventura. Espero que os animéis con él, lo disfrutaréis.
El libro en el Bolsillo
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