[Reseña] De la labor y la naturaleza. Sobre ‘La edad de la ira’ de Nando López

No vengo a daros la brasa con mi profesión porque sé que muchos tenéis ideas pintiparadas sobre ella. Solo os diré que es una profesión compleja en muchas dimensiones y que puede parecer sencilla de base, pero que en la práctica tiene de una complejidad demencial. Además, no sabéis las cosas que nos piden hacer ni a las que tenemos que enfrentarnos, ni las restricciones a las que estamos sometidos ni la cantidad de capas mentales que tenemos que utilizar para, después, seguir siendo persona. Lo dicho, no os voy a dar la brasa, pero soy profesora.

La obra que traemos hoy aquí curiosamente me la recomendaron como Plan Lector para alumnos, pero creo que es mejor para Plan Lector de profesores, que no existe, pero que quizá nos debiéramos dar ese tiempo de calidad para leer un libro. La novela se llama La edad de la ira de Nando López, que he leído en la edición de Booket. Espero que os guste.

El titular

Marcos, un adolescente de clase media, asesina a su padre y deja malherido a uno de sus cuatro hermanos.

Las primeras reacciones

Amigos, familiares, profesores de Marcos: nadie se explica lo sucedido.

Nadie pudo preverlo. Las imágenes del crimen acaparan los medios.

La violencia adolescente se adueña, de nuevo, de la actualidad.

La investigación

El crimen de Marcos no es un suceso aislado. Demasiados casos en los últimos años de menores envueltos en situaciones de extrema violencia. Bullying. Acoso cibernético. Ataques racistas. Trapicheos con drogas. Vídeos en YouTube con humillaciones a profesores. Docentes deprimidos. Fracaso escolar... ¿La culpa es de los adolescentes? ¿De sus profesores? ¿De sus padres? ¿Hay en verdad culpables o somos todos víctimas?

Un periodista, impulsado por estos interrogantes, decide adentrarse en el entorno del asesino. ¿Qué sucedió el día del crimen? ¿Cómo fue la semana anterior a los hechos?

Primera semana de clase

El segundo lunes del curso, el instituto Rubén Darío se levanta con una tragedia. Uno de sus alumnos, Marcos Álvarez ha matado a su padre y apuñalado gravemente a su hermano. Las causas del ataque son desconocidas y todos los miembros de la comunidad educativa se sorprenden del ataque. Marcos no era un alumno que encajara con esa violencia, ni para los alumnos ni para algunos profesores; para otros, sin embargo…, qué se podía esperar del hermano mediocre. Santiago, periodista, ante la perplejidad que produce el crimen comienza a investigar cómo Marcos, de quien nadie se lo esperaba, ha podido cometer, según dice su hermano mayor, el crimen.

La novela comienza sin darnos tregua. Una redacción en la que Marcos, el motivo de la trama, refleja los desencuentros con su familia y un par de días después, la noticia del crimen. Por su parte, Santiago, periodista y ex alumno del instituto Rubén Darío, al que acudía Marcos y sus hermanos, decide, en esta novela contemporánea, investigar el porqué del crimen y, quizá, el quién, ya que, aunque sea una corazonada, él cree que no fue Marcos quien perpetró el crimen.

Así que nos lanzamos a una investigación recogida en clave periodística, es decir, a través de testimonios de cinco personas relevantes en el caso: el tutor actual, la tutora anterior, la jefa de estudios, el profesor de inglés que lleva dos años dándole clase y sus compañeros. Junto a ellos, tendremos pequeñas revelaciones que otros personajes proporcionarán al periodista, así como sus reflexiones y conclusiones a partir de lo que va investigando.

El objetivo es claro, aunque el camino no es, en absoluto, sencillo de recorrer.

Para quién

Disculpad que aquí me salga un poco de lo que es la novela, pero creo relevante decirlo para explicaros la perspectiva que os doy de ella. Esta la he leído como propuesta del Plan Lector para los alumnos, sin embargo, cuando nos embarcamos en esta obra encontramos dos cuestiones que hacen que el público objetivo sea otro: los adultos.

En primer lugar, la novela nos recrea la violencia inherente al sistema educativo que está establecido ahora. Esto os sonará raro, pero como persona que lo vive 10 meses al año, nuestro sistema educativo aplica una dureza a los profesores y alumnos que, a veces, quién no está dentro no ve. Esta violencia se concreta en cosas muy sutiles, estar con 35 adolescentes en el mismo aula seis horas cada día, la subjetividad de nuestro trabajo, ya que lo emocional o lo personal de cada uno de eso 35 más la experiencia del profesor, no se puede medir ni cualitativamente ni cuantitativamente; las sinergias que se establecen entre ellos en una esfera que tiene una línea muy delgada entre lo privado y en lo que tenemos que intervenir… Y así un largo etcétera. Creo que, aunque ellos lo vivan, no necesitan que se lo plasmen con la crudeza con que lo hace el libro.

De hecho, esta es  una de las cuestiones que más me ha llamado del libro, cómo explica con crudeza y con una ficción muy leve lo peor de nuestra profesión y de nuestra praxis. Y esta es la segunda cosa por la que digo que está dirigida a adultos, porque explica las cosas que hacemos mal los profesores y las circunstancias en las que lo hacemos mal, y no trata de exculparnos pero tampoco de condenarnos. La novela nos dice que esto es lo que hay con el sistema educativo y las condiciones que tenemos y sí que lanza un pequeño reto al lector, «en estas condiciones, ¿qué hubieras hecho tú?».

Las circunstancias

Y es que en esta historia las circunstancias son lo crucial. Es muy importante tener claro que la novela, en ningún momento, nos dice que los profesores o los padres podrían haber evitado la tragedia; pero sí que nos deja clara una cosa lo que parece que sucede muy rápido en los centros escolares, se viene gestando desde mucho tiempo atrás. Las señales están ahí, pero cómo podemos atender a las señales de 150-200 alumnos al día, en 50 minutos, conocer cuáles son sus circunstancias familiares y, también, disociar, cuando salimos de ahí, y tener nuestra propia vida.  Y, cuidado, también lo decimos de la otra parte, cómo puede un padre saber qué le sucede a su hijo o hija cuando está separado de él o ella, al menos, ocho horas al día; cuando no sabe qué relaciones se están fraguando y qué necesidades se está generando en ellos.

De nuevo la novela nos deja estos interrogantes ahí y nos explica, de una manera muy neutral, que no hay solución posible a esa edad que se llama adolescencia. Podremos poner nuestro mejor empeño, pero como dice Marcos al principio de la novela, cuando cumples quince de repente eres mayor para enterarte de todo lo malo, pero demasiado pequeño para que tengan en cuenta tus decisiones.

La edad de la ira

Así, a través de los testimonios, de la investigación de Santiago, descubrimos los porqué de todo esto, o eso creemos, porque la narración se va construyendo a través de hipótesis y medias verdades. Entre ellas, descubriremos los temas que hemos ido diciendo: la crudeza de la profesión del docente, compaginar la vida del centro con la de fuera (para profesores y alumnos), la responsabilidad que se le exige a los docentes tanto para con los alumnos, como con sus familias, como en su trabajo; cómo los alumnos, en un edad en la que están descubriendo su personalidad y sus necesidades, tienen que enfrentarse a otros compañeros y a adultos que ya no «les bailan el agua».

Todas estas cuestiones se nos plantean de manera directa con las declaraciones de los personajes, pero también a través de la reflexión de Santiago que se espanta y comprende a partes iguales. A partir de esta experiencia, el recre su adolescencia en ese mismo centro y entiende y relativiza su paso por él, porque al final, qué estaba sucediendo. Y esa pregunta será tanto para su pasado como para su presente.

La edad de la ira es toda edad en la que el sistema, llámese educativo o el que se quiera, nos pone contra la pared y nos oprime sin dejarnos respirar. Para Marcos en la novela fue su propia adolescencia y su familia; para los profesores del Darío, el sistema educativo y su propio sentido de la responsabilidad, y para Santiago, la necesidad de dar a conocer la verdad de todos, tanto la que podía sentar bien como la que podía sentar mal.

Con esto, os recomiendo mucho leer la novela. A nivel narrativo creo que es una obra muy bien construida con un estilo que se sigue bien y que se lee bastante rápido. A nivel de contenido, aunque puede que me tire piedras sobre mi propio tejado, también. A veces los profesores no hacemos las cosas bien o no todas las que parece que podríamos haber hecho, pero os aseguro que algunos cada día damos todo lo que podemos para que esa mierda de edad no acabe con ellos. Espero que os animéis a leer la novela.

El libro en el Bolsillo 

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