[Reseña] El relatar de una vida. Sobre ‘El cielo ilimitado’ de Fonda Lee

¿Qué es más importante, el dedo o la Luna? No sé si conocéis esta imagen, pero refleja muy bien, creo yo, el mundo en el que vivimos. La pirotecnia, las luces y el brilli brilli están muy bien para decorar y hacer el mundo un poco más simpático, pero a veces no nos deja ver lo esencial; el impulso que nos lleva a dar un paso tras otro y a seguir mirando al frente cuando parece que todo está en calma.

La novela que traemos hoy aquí nos enseña un poco esto, aunque las críticas hablen de otra cosa. La obra se llama El cielo ilimitado de Fonda lee, publicada por Hidra. Espero que os guste.

Después de que una mantícora asesine a su madre y a su hermano pequeño, Ester siente la abrumadora necesidad de matar al monstruo que destruyó a su familia.

El camino de Ester la lleva hasta las Cuadras Reales, donde adiestran a unas legendarias aves llamadas rocs para cazar mantícoras. Ester encuentra allí su propósito, una vocación que le exige un sacrificio absoluto y la unión con una criatura que jamás le devolverá su afecto: una roc llamada Zahra. 

Esta aterradora alianza entre una mujer y una roc conduce a Ester a la caza de mantícoras más peligrosa del imperio, y a un viaje que la cambiará para siempre.

Un propósito

Ester era la hija de la casa, eso no significaba nada más que su padre quiso que aprendiera todo lo que tenía que saber. Las cosas empezaron a cambiar cuando nació su hermano, y eso supuso que su padre tenía lo que quería, pero el ataque de una mantícora a su madre y su hermano provocó dos cosas: Ester no tenía familia, Ester quería venganza.

Con una determinación muy clara comienza esta novela de fantasía que nos habla de más cosas que del propio mundo en sí. En ella, conocemos a Ester, una muchacha que decide trabajar en las Cuadras Reales adiestrando rocs, unas aves descomunales, y casi divinas, cuya misión es cazar mantícoras. Ese objetivo del pasado, vengar la muerte de su madre y su hermano, la llevan a vivir el presente día a día, con esfuerzo para poder conseguir que Zahra, su roc, y ella lleguen a culminar esa venganza soterrada.

Sin embargo, la novela nos deja mucho más, ya que no estará sola en su camino. Sus compañeros, Darius y Nasmin, serán quienes impulsen su camino más allá del peso del pasado.

El placer del llano

Inmersos en una novela de fantasía, más si hay animales fantásticos de por medio, podemos pensar que el ritmo de la obra va a ser trepidante, pero Fonda Lee decide enseñarnos que no es así. El mundo, en este caso, queda en un segundo plano para enseñarnos un montón de cosas sobre las relaciones personales.

En nuestra historia, lo interesante no es el mundo en sí, que también tiene su gracia, sino cómo los personajes lo afrontan, teniendo en cuenta que este se ha mostrado hostil y casi vacío con ellos. De este modo, Ester, nuestra protagonista, nos enseña el valor del presente como algo que tiene su fruto en el futuro. No se precipita, no corre y no sueña con lo que está por venir, sino que cada día se esfuerza en entrenar mejor a Zahra, en conocer mejor a sus compañeros y en conocerse mejor a sí misma, ya que sabe que eso dará el fruto que ella desea: la venganza. Sin embargo, esta no será cruel ni ansiosa, a veces nos da la sensación de que ni si quiera existe, se trata de una venganza sosegada, más pensada para el bien del mundo que para la propia satisfacción. Tanto es así, que al final de la novela (sin querer hacer spoiler) la autora nos enseña cuáles son las consecuencias de este tipo de venganza.

La acción calmada

Tanto será así, que aquellos personajes que sí «se precipiten» serán su mundo muy mermado. Es el caso de Nasmin, que queriendo coger todo aquí y ahora, hace que la trama se mueva en una dirección peligrosa.

A partir de cierto momento, la acción de la obra se aleja de las cacerías individuales de Darius y Ester, recordemos que los rocs se entrenan para cazar las mantícoras y así mantener segura a la población, para irnos a un macro en el que el mundo se amplía un poquito más, pero el peligro aumenta en todas sus dimensiones.

En este tramo final de la obra, los personajes se mostrarán en todo su esplendor y también los temas que Lee ha querido traernos: la lealtad, la calma, la venganza y el entendimiento del mundo. La autora nos invita con esta historia a sentarnos, contemplar y actuar en consecuencia; no se entiende un mundo frenético, no se entiende un mundo que solo se mueva por los intereses de unos pocos. El mundo volverá a ordenarse quizá de la peor manera posible.

Surcar el cielo

En un momento determinado la protagonista dice algo así como que vio a su roc en el cielo y ella sintió que era la roc. Es un poco la sensación que da la novela.

Ester es una protagonista que no nos destaca por nada más que por su historia y, al final, al estar en un mundo de fantasía, su historia es otra de tantas. Sin embargo, los pasos que da durante el desarrollo de la trama nos hace reflexionar mucho sobre nuestros propios pasos. Como decía más arriba, Lee nos enseña que la calma y la observación nos lleva a entender lo que nos rodea de la mejor manera posible.

La aventura, cuando hacemos este ejercicio, es la vida en sí misma, no lo que pasa mientras vivimos, sino lo que vivimos. Por eso, parece que hay momentos en los que no se nos está contando nada, igual que cuando vemos a los pájaros y parece que no se mueven, y, sin embargo, lo que está sucediendo está dentro de la protagonista, dentro de los lectores.

Claro que hay una historia, pero esta novela corta destaca más por lo que aprendemos que por lo que leemos. Yo os animo mucho a leerla, es mi primer contacto con narrativa más larga de la autora y la sensación, a pesar de todo lo que sucede, es de paz. Espero que os animéis con ella.

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