[Reseña] Fascinación felina. Parte I. Sobre ‘El gato de oro y otras leyendas felinas de Asia’ de Isabelle Genlis

La figura del gato es fascinante en todas las culturas, aunque reconozco que el tratamiento que encontramos en la asiática me encanta. La mezcla entre respeto, burla y sacralidad me parece perfecta, así no encontramos un relato donde le gato sea supremo, sino un pordiosero burlón, y otro, donde hay que rendirle pleitesía casi como a buda. Dicen que vivimos en la gatocentrismo, casi como culto. Bueno… por algo será, ¿no?

Independientemente de la broma, este indagar surge de la lectura de la obra que traemos hoy aquí. El libro se llama ‘El gato de oro y otras leyendas felinas de Asia’ de Isabelle Genlis, publicada por la Editorial Navona y lo he leído gracias a Masa Crítica de Babelio. Espero que os guste.

Los gatos son los grandes protagonistas de esta antología irresistible, que reúne cuentos tradicionales de Japón, Vietnam, Corea, India, Filipinas, Birmania, Tailandia y China.

Desde sabios animales que cenan sobre el hombro de monarcas hasta traviesos mininos que burlan a tigres y buitres, las casi ochenta narraciones de este volumen despliegan un mosaico de figuras felinas: 

criaturas perspicaces, compañeros entrañables, encarnaciones de lo enigmático y símbolos vivos en las leyendas y tradiciones de toda Asia.

Combinando humor, folclore y encanto ancestral, este libro está dirigido a quienes aman leer y escuchar historias que han viajado a través de épocas y civilizaciones. Una lectura que revela la importancia de los felinos en la cultura oriental y que confirma una sospecha milenaria: el verdadero animal domesticado siempre fue el humano.

El porqué de todo esto

La figura del gato ha sido siempre algo quimérico e intrigante. Favorables, desfavorables, fieros o tremendamente amables, los gatos en todas las culturas tienen su recorrido. En Asia esta figura está incluida (en muchos casos) dentro de los animales sagrados de sus diferentes culturas y como tal sus historias recorren cada rincón del conteinente. Sin embargo, también hay espacio para gatos un poco más traviesos y que ponen en un aprieto a los humanos.

De ahí el nacimiento de esta antología, conocer, disfrutar y abordar esta constante en las culturas del mundo y, en especial, en las asiáticas, en las que el gato parece tener un lugar preferente en sus leyendas.

La reseña la dividiremos en dos partes, ya que es una antología muy extensa. En la primera veremos la génesis y algunas características de la figura del felino en Asia y en la segunda concluiremos con el resto de características.

Estructuración

La obra está dividida diez secciones, que agrupan relatos en función de qué característica o rasgo se quiera destacar del gato. En cada una de ellas encontraremos un texto de introducción, mezcla de ensayo y poesía, que nos pone en un lugar favorable para abordar los relatos, que a su vez, en ocasiones, tienen aclaraciones o comparaciones con otros textos de otros lugares asiáticos.

Del nacimiento de los gatos, de la generación de su propio nombre, de su carácter divino o de su tendencia favorable a la humanidad, trataran estos relatos breves que nos permiten entrar deleitarnos y salir, para dosificar su lectura.

Al gato, gato, del nacimiento del felino

En esta sección encontramos historias sobre el génesis del gato. Cuatro historias, dos de Vietnam y Corea y Birmania, que nos cuentan cómo nace tanto el animal como su nombre.

De este modo, encontramos el nacimiento como consecuencia un castigo y como un regalo del cielo, en el caso de «El nacimiento del gato» (Vietnam), un relato sencillo y divertido, donde dos hermanos se pelean y se convierten en gato y en ratón; o como una ilusión como en «Nacidos del pecho del tigre» (Corea), en el que un hombre se enamora de una joven de ojos verdes que después dará dos cachorros de tigre que se quedan pequeños. De ahí que luego les llamen gatos y que aparezcan como guardianes de los hombres. Además, en este relato comenzamos a ver cómo nuestra inclinación natural es a proteger a estos animales, a pesar de que en absoluto parecen seres desvalidos.

Por su parte, en esta sección también vemos por qué el gato se llama gato. Para ello tenemos los relatos «Al gato, gato» (Vietnam) y «La nutria y el gato» (Birmania). En el caso del relato vietnamita, se van ensalzando sus cualidades y nombrándolo y renombrándolo en función de ellas. Es un relato rápido, ágil y divertido.

En el caso del relato birmano, un poco más complejo que el anterior, son los animales los que se nombran, una nutria y un gato. La nutria decide llamarlo Miau y el decide llamar a la nutria, Bum. Sin embargo, la nutria no queda conforme y busca al ser más fuerte para que le cambie el nombre

El gato en el zodiaco asiático, sí y no

En este caso nos encontramos ante la historia que, quien sepa algo de mitología asiática, más o menos conoce. Se trata de la carrera por la posición en el zodiaco. En general, todos los relatos tienen la misma estructura y los mismos actores, aunque encontraremos algunas variantes:

  • Zodiaco vietnamita: Los animales piden que los hombres les respeten, por lo que el Emperador de Jade les cita en su palacio y se van ordenando según van acudiendo al lugar. 
  • Zodiaco chino: En ella, el gato queda fuera de los animales sagrados porque la rata, amiga del gato, cuando están a punto de llegar le tira al río. Al no saber nada no consigue llegar a meta. Esto explica por qué los gatos persiguen a los ratones. En otra variante de la historia el gato decide dormir antes de la carrera y la rata no le despierta, así que cuando se vuelven a ver ella ya ha ganado y el gato quiere vengarse por su traición.

Además de estas dos explicaciones, tenemos relatos que continúan preguntándose por qué el gato es o no sagrado. En ellas veremos desde la humildad del felino hasta alguno de sus pequeños pecados.

  • «El gato y buda»: Fallecido Buda, el gato mata a la rata por no tener una actitud apropiada en el funeral. Debido a ello el resto de animales se cuestionan su permanencia en el zodiaco, del cual lo echan. 
  • «Shirone» (Japón): Por su parte, en Japón, el gato no está dentro de los animales sagrados. En esta historia, la clemencia del animal con sus presas no se sabe si entenderla como una fanfarronería o como humildad ante el budismo. 
  • «La última rama» (Japón): Variante de la carrera y la siesta gatuna, en este caso Enma, el dios de los infiernos no puede incorporarlo al panteón por llegar tarde y, a pesar, reconoce el dios, de parecerse a él en el carácter.

Las características del gato

Como podemos observar, en los últimos relatos de la sección anterior, ya se intenta determinar qué rasgos son propios de este animal y cuáles le hacen único frente al resto. Sin embargo, no se destacarán cualidades innatas de animales, sino en su relación con el ser humano.

El gato que invita, el maneki neko japonés. En la cultura japonesa el gato es un símbolo ligado a la nobleza. Así lo vemos en el relato «La protegida del emperador» (Japón) que nos relata la historia del gato como animal de compañía frente al perro. El primero está visto como símbolo de nobleza, el segundo de lealtad. 

A partir de este relato, conocemos que los gatos en Japón hasta el siglo XVII estaban sujetos por correa. En dicho siglo los soltaron para combatir las plagas y predecir tormentas, ya que se creía que, cuando se lavaban detrás de la oreja, era que iba a llover. A partir de esta última idea surge la figura del gato que invita, aquel que levanta la pata y trae buena suerte, como vemos en el relato «Bajo la tormenta» y en su variante «El sacerdote y el gato». En él un jefe de Clan ve como un gato levanta la pata para rascarse delante de un templo. Él entiende que le está invitando a entrar, ya que está lloviendo, y al hacerlo se libra de que le caiga un rayo.

Como variante del gato que invita, tenemos también, los gatos que protegen más allá de lo sagrado. Invitan a quienes les rodean a ir con ellos, pero con la idea de proteger a su legítimo compañero. Este es el caso del relato «El gato de barro». En él, vemos la relación del gato con las mujeres en un sentido un tanto especial. El relato comienza contándonos cómo una mujer, dispuesta a dar a su gato para que este no muriera de hambre, tiene una revelación por parte del mismo. Si realiza esculturas de barro del animal, ganará dinero, y así es. Esto sucede cerca del barrio de los placeres, en el que los gatos acompañaban a las cortesanas, para aliviar las emociones de los amantes que no pueden satisfacerse.

Y en relación directa con el Maneki Neko y las casas de placeres, tenemos el relato «El gato de la Oiran». En él una oirán tiene un gato que una noche parece haber enloquecido. El jefe del local lo decapita, pero la cabeza del gato muerde el peligro que acechaba a su compañera. Una serpiente venenosa esperaba en la cama. Para honrarlo, el jefe regala a la oiran una estatua del gato, convirtiéndolo en maneki neko.

De igual modo en «El gato de oro» en sus dos variantes podemos ver como los gatos son guardianes de la prosperidad y, en este caso, del amor.

Gatos providenciales En la tradición asiática, los gatos también han sido portadores de buena o mala suerte, según conviniera al felino. Así lo ejemplifican cuentos como «El príncipe gato» (Indonesia), en el que un príncipe, desterrado por tener cabeza de gato, lleva a la desgracia a la familia real y consigue reinar él; o «El peregrinaje de la gata» (Japón), en el que un hombre pobre desea que su gata fuera humana para que fuera su esposa y esta peregrina para poder serlo.

Además, en estos relatos, los gatos están asociados con dos elementos muy importantes para los hombres: los frutos y el oro. Para ejemplificarlo, tenemos los cuentos «Tres gatitos de oro» (Corea) –gatos que se transforman en lingotes de oro­­– o «El regalo del dragón» (Japón), -un gato come y produce lingotes de oro; a su muerte, se convierte en un mandarino que hace ricos a sus dueños; relato que, además, confluye con los gatos relacionados con los frutos como sucede con el relato «Las orejas del gato» (China), en el que una muchacha, Ximei, al enterrar a su gato, de este nace el castaño.

Finalmente, dentro de esta categoría, encontramos gatos que simplemente trae buena fortuna a sus dueños, como sucede en los relatos «La gata y el monje» (Japón) y «El niño que dibujaba gatos» (Japón),   a pesar de que haya violencia de por medio, como sucede en «El gato del rey» (Vietnam).

Gatos demoniacos de Japón Otro de las características de los gatos, especialmente en Japón, es la relevancia de su parte demoniaca. Esto se debe a un proceso de asimilación. A partir de las supersticiones, los gatos relacionados con ellas se asociaron a los yokai. Estos siempre eran gatos maltratados o que tenían la capacidad de transformarse para atormentar a los seres humanos.

De este modo, en este grupo de relatos encontraremos ambos casos, gatos maltratados como en el relato «El palacio de los Bake Neko», en el que la señora mata a la gata de su sirvienta y esta decide reencontrarse con ella. La gata recompensa a la sirvienta y mata a la señora. También lo vemos en «El gato rojo», en él un gato rojo baila con los kitsunes y entra en una posada; la sueña lo acepta, pero el marido lo maltrata, por lo que el gato provoca que este crea que está ardiendo. Por su parte, tenemos el otro tipo de relatos, en el que el gato se transforma como en «El vampiro de Nabeshima», aquí el gato se transforma en la favorita de un príncipe y vampiriza a este hasta que es decapitado.

***

Paramos aquí de momento. Como vemos la figura del gato no es algo accidental, sino que es un animal que por su propia idiosincrasia ha suscitado en el folklore y la imaginación de los autores una gran cantidad de relatos que pretenden desentrañarlos.

Seguiremos en la segunda parte, pero con lo que llevamos hasta ahora, os invito a lanzaros a esta antología y dejaros fascinar por este enigmático y totémico animal. Espero que os guste.

El libro en el Bolsillo 

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